La diferencia básica que existe entre los hombres y las mujeres.



En las últimas décadas se han realizado numerosos esfuerzos por demostrar que los hombres y las mujeres son exactamente iguales en todo, exceptuando en la capacidad para soportar a los niños. Las mujeres que militan en organizaciones feministas de manera muy vital afirman que las únicas diferencias que existen realmente entre ambos sexos surgen debido a tradiciones culturales o por influencia del ambiente. Nada está más apartado de la verdad que lo que ellas proclaman.



Los hombres y las mujeres son totalmente diferentes en todo, desde el punto de vista biológico, anatómico y fundamentalmente emocional. Se diferencian en cada célula de sus cuerpos, ya que los hombres son portadores de un modelo de cromosomas muy diferente al de las mujeres.
Además, es bien evidente que la región donde se encuentra el hipotálamo, que está localizada
debajo de la glándula pituitaria en el cerebro medio, está constituida de manera muy especial en
cada sexo.



De manera que el hipotálamo (que se conoce como el asiento de las emociones) provee a la mujer
de un marco de referencias muy diferente al de los hombres. Por otra parte, el deseo sexual femenino tiende a ser cíclico, en correspondencia con su ciclo menstrual, mientras que en los hombres no se
hallan estas características.

Estos y otros factores apoyan la afirmación de que las necesidades sexuales femeninas y masculinas no son similares. El no ser capaz de comprender estas particularidades en ambos sexos puede llevar a una frustración constante en el matrimonio, o despertar complejos de culpa en los cónyuges. Podemos señalar dos diferencias notables respecto al apetito sexual, que producen graves consecuencias:

Los hombres se excitan fundamentalmente por medio del estímulo visual. Son impactados por la desnudez o semi-desnudez femenina. Por el contrario, las mujeres son menos vulnerables al estímulo visual que los hombres. Por supuesto que se sienten atraídas por los cuerpos masculinos bien formados, pero su mecanismo sicológico sexual no se estimula por lo que ve. Las mujeres necesitan ser excitadas por medio del tacto. Y en este punto ya encontramos un motivo de desavenencia en el lecho matrimonial.



Él desea que ella surja en la penumbra desnuda o a medio vestir, y ella quiere que él la acaricie en la oscuridad. . Y mucho más importante aún. Los hombres no hacen discriminaciones sobre la clase de mujeres que excitan sus deseos por medio de sus cuerpos. Por ejemplo, un hombre que va caminando tranquilo por la calle de repente se siente excitado por una mujer casi desnuda que va delante de él, contoneándose en forma provocativa.


El no conoce quién es esa mujer, ni cuáles son sus cualidades ni su capacidad intelectual. Lo único que valora es ese cuerpo que se contonea delante de él y que le produce una gran excitación. Lo mismo puede estimularse al contemplar una fotografía de alguna modelo desconocida, que aparece desnuda en una revista, en el cine o en cualquier medio propagandístico, que por el encuentro directo con la mujer que ama.

El deseo sexual del hombre despierta por la contemplación del cuerpo de una mujer atractiva, sea quien sea. Esto puede darle validez a los reclamos que hacen las mujeres que se han sentido tratadas como "objetos sexuales", y utilizadas por los hombres.

También esto puedo explicar por qué las prostitutas atraen tanto a la mayoría de los hombres, mientras que a otro tipo de mujeres les cuesta tanto trabajo atraer a un solo hombre.

Y, además, explica el inmenso deleite que sienten los viejos desdentados que, sentados en un salón, contemplan a una bailarina que se mueve de manera sugestiva frente a ellos. Además, demuestra claramente que la autoestima masculina se halla más motivada por el deseo de "conquistar" a una mujer, que por hacer de ella el objeto de su preferencia romántica.

Lo ya mencionado son algunas características de la sexualidad masculina Todos estos factores son de vital importancia para establecer las diferencias fundamentales en el apetito sexual que experimentan ambos sexos. Las mujeres son mucho más selectivas en cuanto a sus intereses sexuales.

No se excitan, en la misma medida que los hombres, ante la vista de un caballero atractivo o al contemplar en fotografías o anuncios, el cuerpo desnudo o casi desnudo de un hombre.



Más bien su apetito sexual se dirige, por lo general, a un hombre en particular a quien ella admira y respeta. Una mujer se siente excitada por el carácter y personalidad de su hombre y por el ambiente romántico que lo rodea. Se rinde totalmente al hombre que apela a ella tanto en el plano emocional como en el físico. Por supuesto, es innegable que hay excepciones a estas características básicas de ambos sexos, pero generalmente se mantienen en la mayoría de los casos.

El sexo para el hombre es más bien una actividad física, en tanto que para la mujer significa una profunda experiencia emocional.

¿Qué ocurre entonces en el matrimonio? ¿Cómo pueden estas diferencias sexuales tan marcadas integrarse en un amor legítimo y real dentro del matrimonio? Podemos asegurar que a menos que una mujer experimente el deseo de acercarse a su marido en un momento determinado, será incapaz de disfrutar una relación plena y satisfactoria con él, y su vida sexual estará llena de frustraciones

Al regresar a su hogar, después de un día agotador de trabajo, un esposo puede llegar de malhumor y sin deseos de conversar con su esposa. Él espera que llegue el momento de irse toda la familia a la cama. Y, por último, cuando esto ocurre, intenta retozar un rato con su mujer. El hecho de que no se hayan visto durante todo el día y que sólo hayan hablado unas pocas palabras a su regreso, no le inhibe en lo asboluto para sentir deseos sexuales.

La ve en bata de dormir y la siente cerca de él en la cama y ya eso solo basta para excitarlo sexualmente. Pero a ella no le ocurre lo mismo. Lo estuvo esperando todo el día para comentar con él todo lo ocurrido entre los niños y sus conocidos, pero su desinterés por la conversación y el poco caso que le hizo a su regreso, la han desanimado por completo.

La actitud mostrada por él desde que regresó del trabajado han enfriado los deseos sexuales de ella. De manera que ahora no puede responderle sexualmente como él espera.

Déjenme avanzar un poco más. Cuando la mujer realiza el acto sexual sin sentir ternura ni romanticismo se siente como si fuera una prostituta. De alguna manera experimenta que su esposo está disfrutando su cuerpo para complacerse a sí mismo. De modo que ella, o se niega a sus reclamos, o se somete a ellos llena de resentimiento y rechazo hacia él. La incapacidad de satisfacerse con esta situación la llena de frustración y crea una constante fuente de preocupación a la mujer.

Si pudiera darles un consejo a todas las familias les diría que lo fundamental en el matrimonio es mantener el amor romántico en todas las circunstancias de sus vidas. En esto radica el fundamento de la estimación a sí misma de la esposa, al igual que la base de su gozo y de su capacidad para disfrutar las relaciones sexuales plenamente.

La gran cantidad de hombres que se sienten rechazados dentro del matrimonio, y que se sienten aburridos y cansados de sus esposas deben pensar en esto seriamente, como la causa de sus problemas. El verdadero amor derrite hasta un témpano de hielo.

QUE DIOS ME LOS BENDIGA. GRACIAS

YANET CAMACHO