El mundo de la mujer:
Las mujeres viven un mundo de gran empatía, de preocupación constante por sus seres queridos y entre ellas es muy fácil identificarse y comprenderse.

Como madres, por su especial sentido de maternidad, tienen la extraordinaria capacidad de comprender a sus hijos y una excelente habilidad de acceder a su mundo, el de sus amigas, y el de otras madres, pues como mujeres viven experiencias únicas, pero a la vez muy parecidas.
Las mujeres pueden llorar juntas' mientras exponen abiertamente sus problemas, se reúnen en los restaurantes de la ciudad a tomar un alimento, y comparten sus dolores y tristezas en los encuentros de damas,; grupos de hogar o las reuniones de oración.
Con gran facilidad hacen nido y se aferran a sus relaciones. Sienten que pertenecen a su casa, siguen preocupándose por deta­lles de la vida de los hijos que ama, aunque sean adultos, estén casados y ya tengan no sólo cónyuge sino también al­gunos hijos. Por ese alto sentido de pertenencia, generalmente; para muchas mujeres, es difícil moverse de lugar, de trabajo, de casa, ciudad y país.
Debido a su delicadeza, existe una gran ternura entre ellas. Generalmente anhelan recibir el cariño y la ternura que acostumbran a prodigar. Como re­sultado de su sentido familiar y el relacionarse con otros, ellas no tienen mayor interés en los acontecimientos mun­diales, sino en las situaciones personales y desean recibir la atención íntima que tanto les agrada.
Sus conversaciones generalmente no se enfocan en lo que ocurre en el mundo o la situación de la economía mundial, sino en torno a la vida personal, o las circunstancias que atra­viesan otras personas o miembros de su familia.
Al ser más sensibles y más enfocadas en la vida de las personas, tien­den a ser más críticas, son más afectadas por los problemas con miembros de la familia generando más atención en ellos. Aunque están interesadas en grandes proyectos, responden automáticamente a una de sus más grandes necesidades que es la relación interpersonal saludable con los seres que ama.
Los puntos fuertes de la vida de la mujer. Son una muestra de su gran ternura, preocupación, sensibilidad, servicio, laboriosidad, vulnera­bilidad, sinceridad y enfoque en las relaciones familiares.
Sin embargo, surge un problema serio para interactuar con ellas, pues debido a su naturaleza pecaminosa y su enfoque en sí mismas, tienden a llevar al extremo sus virtudes y su sensibilidad puede convertirse en hipersensibilidad, su la­boriosidad en perfeccionismo y su preocupación por los de­más en una actitud dominante.
Les afecta lo mismo que a los hombres, su naturaleza pecaminosa que les incita a lle­var sus virtudes al extremo y cuando esto ocurre, se con­vierten en defectos.