Un desafío difícil de la mujer

Las mujeres aman su mundo y no pueden imaginarse como los hombres pueden tener comportamientos como los que acostumbran. Sin embargo, para que la relación conyu­gal funcione, la mujer debe aprender a amarse a sí misma y al hombre que eligió para compartir su vida. Entiendo que el mundo de la mujer es difícil y lleno de tensiones, pero a pesar de ello, tiene la obligación de respetar al marido que eligió como compañero para toda la vida.
El apóstol Pablo
Entrega un par de man­damientos indispensables para el funcionamiento saludable de la relación conyugal. "En todo caso, cada uno de ustedes ame también a su esposa como a sí mismo, y que la esposa respete a su esposo". Estas son condiciones ineludibles para los cónyuges que desean obe­decer a Dios y tener una relación que resista las tormentas.
Pablo no entrega dos opciones sino dos mandamientos. Es cierto que los esposos debemos obedecer el mandamiento de amar a nuestras esposas aun si ellas determinan no obe­decer el precepto de respetar a su marido.
Es cierto que al enamoramos nos sentimos alegres, emo­cionados, complacidos, atraídos, encantados y seducidos por quien conquistó nuestras emociones, pero es erróneo creer que por el amor que sentimos podemos permitir el maltrato y el abuso en las relaciones conyugales.
Es verdad que en una relación de dos personas imperfectas que se aman, apa­recerán acciones erróneas que herirán y motivarán a sentir­se enojado, pero debemos confrontar el problema con sabi­duría y ese tipo de amor divino que rechaza lo malo y solo permite lo bueno. "El amor no es una victima de mis emociones, sino un siervo de mi voluntad". Las enseñan­zas de Jesucristo nos muestran el verdadero amor.
Los maridos y esposas que aman y son maltrata­dos deben experimentar sentimientos de rechazo a las ac­ciones equivocadas y no deben permitir actitudes erróneas. El amor debe ser parte de la relación conyugal, de manera que es recíproca. La Biblia no designa sólo al hombre como un líder que ama a su esposa, también a ella le manda a que ame y respete a su marido. Estos conceptos no son fáciles de entender pues están basados en lo profundo y maravilloso del amor divino.
La Biblia nos motiva a practicar el amor imitando el modelo divino, nos ordena respetarnos mutuamente y no sólo convivir o sentir amor. Nuestro pacto de amor en las relaciones conyugales no se termina por las circunstancias o el cambio de sentimiento, más bien es desafiado por todo conflicto que aparece en la vida matrimonial.
Tenemos que cumplir nuestro pacto de amor a pesar de las circunstancias y de los errores, sino no lo hacemos hemos sido guiados por una fuerte pasión y no por el verdadero amor.
La esposa que cree amar mientras siente algo lindo con­cluirá que se acabó el amor cuando experimente el debido rechazo por las acciones erróneas de su cónyuge. Cuando se rechazan las acciones erróneas e irrespetuosas de su cónyu­ge con sabiduría, energía y prudencia, estamos amando ver­daderamente.
Quien cree que experimenta amor cuando está movido por el sentimiento estimulante de la atracción, ex­perimentará una severa frustración cuando se sienta decep­cionado, molesto o con ira por los errores de su cónyuge.
Esos genuinos sentimientos de rechazo de las acciones malas y enojo por las actitudes equivocadas, así como el res­peto por las diferencias son actos de verdadero amor y res­peto, que Dios demanda en la vida conyugal y motiva a las parejas sabias a amar como Dios lo exige, a corregir, exhor­tar y confrontar, con energía y tacto.las circunstancias o los cambios en los sentimientos. Los cónyuges tienen el gran desafío de amar y respetar en toda circunstancia y en todo momento".
No espere lo que Dios no le prometió, ni algo que su cónyuge no pueda darle. No espere que su pareja vea la vida de la misma forma que usted, porque Dios nos creó para que veamos la vida de una forma muy diferente y de esa manera apoyamos mutuamente. Él no quiere que las marca­das diferencias creen conflictos y resistencia, sino una rela­ción de comprensión y apoyo mutuo que se desarrolla con cariño y mucha paciencia.
Existe variedad de días y de efectos y durante este tiem­po el cuerpo de las mujeres pasa por etapas de debilidad física y emocional y pueden experimentar serios momentos depresivos.
Su autoestima baja a niveles diferentes. Algu­nas se sienten absolutamente destruidas e increíblemente amargadas y otras luchan con tenacidad por no permitir que los efectos sean tan devastadores. Otras se vuelven agresi­vas, o muy emotivas por momentos; pero todas tienen la misma responsabilidad de manejar su realidad, enfermedad, periodos menstruales o depresiones de una forma sabia y constructiva.
Muchas mujeres, especialmente las frus­tradas pueden criticar a sus maridos aun en público, pero generalmente no aceptan que sus esposos hagan lo mismo. Debido a las características positivas de su personalidad como su alta sensibilidad, gran emotividad y deseo de res­peto y ternura, son más vulnerables a lo que otros dicen de ellas, y tienen una mayor tendencia a preocuparse más de las personas, que de los hechos.