FACTORES DE RIESGO SUICIDA EN EL ADULTO

Los factores de riesgo suicida en la adultez estarán conformados por los que se arrastran desde la infancia y la adolescencia más aquellos inherentes a esta etapa de la vida.

Entre los factores de riesgo en el adulto es necesario mencionar en un lugar preferencial el alcoholismo. En este período de la vida adquiere categoría de enfermedad lo que hasta entonces fue una costumbre socialmente aceptable, pero con la reiteración del tóxico, se convirtió en un consumo perjudicial y/o un hábito propiamente dicho.


La dependencia del alcohol, alcoholismo crónico o enfermedad alcohólica, se diagnostica según la Asociación Psiquiátrica de América cuando se producen como mínimo tres de los siguientes síntomas:

Con frecuencia se bebe en mayor cantidad o por un período más largo del que pretendía.

  1. Un deseo persistente, con esfuerzos más o menos inútiles para suprimir o controlar su consumo.
  2. Una gran parte del tiempo se emplea en obtener y consumir el alcohol o recuperarse de los efectos de su ingesta.
  3. Intoxicación frecuente o síntomas de abstinencia cuando tiene que realizar sus actividades habituales, o ingesta de alcohol en situaciones arriesgadas.
  4. Reducción de actividades sociales, laborales, culturales o recreativas a consecuencia de la ingestión de bebidas alcohólicas.
  5. Uso continuado de alcohol a pesar de ser consciente de tener un problema físico, psicológico o social persistente y recurrente.
  6. Tolerancia notable con necesidad de incrementar las cantidades de alcohol para lograr la intoxicación o el efecto deseado.
  7. Síntomas de abstinencia al suprimir el tóxico, como temblor en lengua, párpados y manos, náuseas, vómitos, cansancio, cefalea, palpitaciones y sudoración excesiva.
  8. Calmar los síntomas de abstinencia con la ingestión de alcohol ("matar el ratón","aplomar").

Una vez que se diagnostica esta toxicomanía, debe considerarse el riesgo suicida. Las siguientes características predisponen al intento de autodestrucción en los alcohólicos:

  1. Tener bajo nivel socioeconómico.
  2. Ser joven y del sexo femenino.
  3. Comenzar a edades tempranas la ingestión de alcohol y los problemas derivados de dicha ingestión.
  4. Consumir grandes cantidades de alcohol cada vez que se ingiere.
  5. Tener comorbilidad: personalidad antisocial, depresión mayor, trastorno de ansiedad.
  6. Poseer familiares con antecedentes de intentos suicidas, los cuales abusan del alcohol.

Las siguientes características predisponen a la autodestrucción entre los alcohólicos.

  1. Pertenecer al sexo masculino.
  2. Tener pobre apoyo social.
  3. Ingerir frecuentemente bebidas alcohólicas.
  4. Padecer un episodio depresivo mayor.
  5. Padecer enfermedades médicas.
  6. No poseer empleo.
  7. Vivir solo.
  8. Tener pensamientos suicidas.

Los trastornos depresivos continúan siendo un factor de riesgo en el adulto, sobre todo si cumplen las siguientes características:

A. Temática suicida

  1. Intentos suicidas
  2. Autodestrucción, catástrofes.


B. Síntomas y comorbilidad

Angustia o agitación.

  1. Trastornos crónicos del sueño.
  2. Inhibición de los efectos y de la agresividad.
  3. Fase depresiva que finaliza.
  4. Nosomanía o enfermedades incurables.
  5. Comorbilidad por alcoholismo.

C. Entorno

  1. Desórdenes familiares en la infancia y adolescencia.
  2. Ausencia o pérdida de contactos humanos (aislamiento, desengaño).
  3. Dificultades profesionales o financieras.
  4. Ausencia de un fin en la vida.
  5. Ausencia o pérdida de relaciones religiosas sólidas o de otro tipo.

Se considera que la asociación de desesperanza, sentimientos de culpa, inutilidad, delirios diversos con un humor depresivo posee gran riesgo suicida.

En relación con la esquizofrenia en el adulto, se considera que existen dos grupos de pacientes suicidas:

1er. grupo

Pacientes con aceptable recuperación y franca regresión de sus síntomas productivos (alucinaciones, delirios), pero con sentimientos de frustración y desesperanza.

2do. grupo

Pacientes en los que predominan la angustia, la agitación, las alucinaciones y las ideas delirantes.

También en los esquizofrénicos pueden tener riesgo suicida los efectos secundarios de los neurolépticos, principalmente la depresión postratamiento y la acatisia.

Por último, en relación con esta enfermedad, se dice que la autodestrucción es difícil de predecir y es un peligro que nunca debe ser olvidado.

En la adultez generalmente se padecen determinadas enfermedades: la enfermedad de Parkinson, la corea de Huntington la sífilis terciaria, las endocrinopatías (Addison, Cushing, hipotiroidismo, hipertiroidismo, diabetes mellitus), carcinoma de la cabeza del páncreas, anemia perniciosa, colagenopatías (artritis reumatoidea, lupus eritematoso sistémico), etcétera. También constituyen un factor de riesgo los fármacos que necesariamente se utilizan en determinadas enfermedades, como son: Clonidina, Metildopa, Propanolol, Reserpina, Amantadina, Levodopa, fenotiacinas, butirofenonas, barbitúricos, anticonceptivos orales, digitálicos, Disulfiram, benzodiacepina, esteroides y otros que tienen en común ser prodepresivos.

En la mujer el síndrome premenstrual, con los cambios hormonales que trae consigo, y la menopausia, a la que se añaden factores socio-psicoculturales (independencia de hijos, pérdida de belleza física y de la capacidad de procrear, imposibilidad de realizar deseos frustrados, competencias de nuevas generaciones, etcétera), pueden, junto a otros factores de riesgo asociados, precipitar un acto suicida.

También los adultos que tratan de proteger sus familias, su profesión o sus negocios de algún escándalo que ellos han ocasionado, poseen gran riesgo suicida, en esta situación ven en la autodestrucción una respuesta a esos problemas.

En los adultos, a diferencia de los adolescentes, existen dos esferas que pueden convertirse en generadoras de conflictos y que en determinados sujetos pueden ser el motivo de un acto suicida. Nos referimos al matrimonio y el trabajo. Se ha comprobado que un buen funcionamiento matrimonial y laboral, puede ser un antídoto contra esta conducta. Se ha demostrado que puede convertirse en un factor suicidógeno en determinados sujetos, principalmente del sexo femenino, una relación matrimonial que no satisface las espectativas originales. La mujer soltera tiene menos riesgo de autodestrucción que el hombre en esta misma condición, mientras que el hombre casado posee menos peligro suicida que la mujer en dicha situación.

El desempleo, sobre todo en el primer año, puede ser un factor predisponente, así como el fracaso en el ejercicio de una profesión, lo cual se mide por la insatisfacción laboral (actitud) y por la falta de éxito (realización), tanto en la culminación eficiente de las tareas como en los logros económicos; la pérdida de prestigio, de aceptación y de realización personal, los cuales pueden deberse a déficit de aptitudes, rechazo vocacional, capacitación deficiente, bajas remuneraciones, escasas posibilidades de desarrollo personal, ocupación monótona y repetitiva, obsolencia por cambios tecnológicos y tendencias neuróticas autodestructivas que inducen a cometer errores y fracasar.

Es en esta etapa de la vida en la cual el sujeto interactúa más intensamente con la sociedad y el éxito o fracaso de esta interrelación individuo-sociedad puede, junto a con otros factores, evitar o precipitar un intento o un suicidio consumado.

En relación con esto, vemos que la desmoralización, condición mental que se presenta cuando un individuo se encuentra a sí mismo de manera persistente incapaz de dominar situaciones que él y otras personas esperan solucione de forma adecuada, o experimenta un malestar continuo que no logra explicar con certeza, puede precipitar un acto suicida, por la carga de desesperanza, desamparo, retraimiento y pérdida de la autoestima que dicho estado posee.

Otra condición que hay que valorar en el riesgo suicida de un adulto, es haber realizado previamente un intento o un suicidio frustrado, entendiendo como tal aquel que no tuvo éxito en sus propósitos sólo por un error de cálculo o por otro accidente. Estos individuos pueden repetir dichos actos y existen algunos factores que pueden predecirlos, como los siguientes:

  1. Historia de tratamiento psiquiátrico, ya sea de forma ambulatoria u hospitalizado.
  2. Poseer una personalidad antisocial.
  3. Abusar del alcohol u otras drogas.
  4. Pobres condiciones materiales de vida.
  5. Desocupación.
  6. Antecedentes criminales (lesiones, homicidio, robo, etcétera).

FACTORES DE RIESGO SUICIDA EN LA VEJEZ

Los ancianos son los que tienen mayores tasas de suicidio. En la medida en que las personas mayores constituyan el segmento de más rápido crecimiento de la población, el número absoluto de sus suicidios continuará incrementándose y se pronostica que para el año 2030 será el doble, por lo que se hace necesario profundizar en los factores de riesgo en la vejez para atenuar en cierta medida dicha predicción.

Es conocido que esta conducta en el anciano tiene los siguientes rasgos distintivos:

a. Realizan menos intentos de autodestrucción.

b. Usan métodos mortales.

c. Reflejan menos señales de aviso.

d. Dichos actos son premeditados, reflexivos.

e. Pueden asumir la forma de suicidios pasivos (dejarse morir).

Por estas características se hace necesario que se conozcan los diversos factores de riesgo para esta conducta.

El envejecimiento trae consigo el abandono de la profesión o de otros objetivos, reducción del vigor físico, cambio en los placeres sensuales y una conciencia de la muerte desconocida en etapas previas. El anciano no siempre aporta síntomas porque teme le puedan diagnosticar una enfermedad grave o porque asuman sus dificultades como parte del proceso de envejecimiento. Entre los problemas físicos que el anciano debe afrontar se encuentran: la patología artrítica, que afecta la locomoción; las enfermedades cardiovasculares, que limitan el ejercicio físico; la enfermedad neurológica, que compromete la función intelectual, y el cáncer, que ocasiona dolor, dependencia y muerte.

Los problemas emocionales incluyen cierta depresión y una alteración de la propia estima, a lo cual se añaden las propias presiones sociales derivadas de la jubilación, la dependencia, la muerte de familiares y amigos, la pérdida de la seguridad económica, entre otras.

Como se evidencia, existen suficientes condiciones inherentes a la vejez que son un caldo de cultivo adecuado para que se manifieste esta conducta.

El intento de autodestrucción en esta edad es un serio problema, pues en muchas ocasiones se trata de verdaderos suicidios frustrados por su alto grado de premeditación; por los métodos utilizados, que usualmente son violentos; por la existencia de enfermedades médicas concomitantes, sobre todo las que se acompañan de disnea en el caso de dolencias físicas o los trastornos depresivos en el grupo de las enfermedades mentales. Esta última condición, al igual que en el adolescente, se manifiesta en ocasiones de manera diferente al adulto, con cierta atipicidad, ya que los ancianos deprimidos restan importancia a la tristeza, insistiendo en quejarse fundamentalmente de los síntomas físicos que les llevan a considerarse a sí mismo enfermos y frecuentan médicos internistas o de atención primaria, lo que prolonga el inicio de un tratamiento antidepresivo específico.

Las señales biológicas de la depresión, como el insomnio, pérdida del apetito, peso y energía; los trastornos gastrointestinales, como la pirosis, acidez, digestiones lentas, constipación; los síntomas cardiovasculares, tales como las palpitaciones, precordalgias; los síntomas ostiomio articulares, como las mialgias, artralgias, lumbalgias y dolores de espalda, son comúnmente atribuidos por el anciano a una enfermedad física como se señalaba con anterioridad, y si el médico no está familiarizado con esta forma de presentación del trastorno afectivo en el paciente, una depresión no suicida puede convertirse en suicida.

Otras veces la depresión adquiere una forma de presentación demencial (pseudo-demencia depresiva), sobresaliendo la confusión mental, la desorientación en tiempo y espacio, la labilidad afectiva e incluso la incontinencia urinaria.

Para una mejor clasificación de los factores de riesgo en los ancianos, éstos se pueden dividir en:



Factores médicos:

1. Enfermedades crónicas, terminales, dolorosas, invalidantes y discapacitantes, como la de Parkinson, la demencia de Alzheimer o de otro tipo, las neoplasias, la diabetes mellitus complicada de retinopatía o polineuropatía discapacitante, la insuficiencia cardíaca congestiva, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica.

2. La hospitalización periódica del anciano, así como ser sometido a intervenciones quirúrgicas frecuentes.

3. Los tratamientos prodepresivos muy utilizados para contrarrestar patologías que padece el anciano (digitálicos, propanolol, L. Dopa, indometacina, etcétera).

4. Las enfermedades prodepresivas, principalmente la arteriosclerosis, demencias, la de Parkinson, entre otras.

Factores psiquiátricos:

Se incluyen las depresiones de cualquier etiología, el abuso de drogas o alcohol, los trastornos crónicos del sueño, las psicosis delirantes paranoides con gran desconfianza y agitación, y la confusión mental.

Factores psicológicos:

Los ancianos que sufren de sentimientos de soledad e inutilidad, inactivos, aburridos, con falta de proyectos vitales y con tendencia a revivir el pasado.

D. Factores familiares:

1. Pérdida de seres queridos por muertes naturales o por suicidio. La viudez durante el primer año es un momento crítico para el anciano, durante el cual puede ocurrir la llamada autodestrucción pasiva, en la que el evento vital doloroso desencadena una depresión y altera además el sistema inmunitario, lo que facilita la patología somática, principalmente las infecciosas.

2. El abuelo"pin-pon" es otra condición de riesgo suicida y se produce con la migración forzada del anciano (le "rotan" entre los familiares).

3. El ingreso en un hogar de ancianos en su etapa de adaptación puede reactivar situaciones de desamparo previas que precipiten un acto autodestructivo.

Factores socio-ambientales:

1. La jubilación.

2. El aislamiento social.

3. La actitud hostil, peyorativa o despreciativa de la sociedad hacia el anciano.
4. La pérdida de prestigio.

Éstos son algunos de los factores de riesgo que se pueden encontrar en esta etapa y que mientras mayor número de éstos se acumulen, mayor será el riesgo de terminar su vida por suicidio.

. MARCO REFERENCIAL

El intento de suicidio es un problema que ha adquirido características epidémicas en los últimos 40 años. Se ha observado reiteradamente que la persona con pensamientos suicidas puede tener una mayor tendencia a intentar suicidarse, y quien lo intenta una vez, es probable que lo intente nuevamente en menos de un año, con mayor probabilidad de consecuencias fatales. Por esa razón, los estudios epidemiológicos sobre la presencia de indicadores de riesgo suicida son muy importantes.